MEKTUB

por José María Hurtado Ríos

(de la Revista de Semana Santa 1984)

Trascripción árabe de la palabra Mektub por el catedrático de Barcelona, profesor Vernet.



Dedicatoria

Voy a dedicar este trabajo/estudio sobre Mektub a todos los niños de mi pueblo. Con el definitivo deseo de que aprendan lo absolutamente sencillo que es investigar nuestra, hoy, desconocida y esotérica historia. Con la decidida esperanza de que enriquezcan y acrezcan aquélla y den luz y maticen ésta. Por eso, además de aclarar para siempre el origen de la tradición y demás circunstancias sobre Mektub, me propongo que los niños tobarreños aprendan qué pasos y métodos de investigación hay que alcanzar para constatar cualquier hecho histórico-cultural. Para que se aficionen a investigar la vida cultural y social de nuestro pueblo y a esclarecer su pasado. A mayor gloria de Tobarra.

Planteamiento general

Mektub, la pieza musical que se toca la mañana del Viernes Santo (en el Calvario y en la Plaza) mientras que Nuestro Padre Jesús da la Bendición al pueblo, es una hermosa y vibrante marcha fúnebre. Forma parte de una imposible (me la estoy inventando ahora) melografía tobarreña. Pero tan sólo tres hechos musicales -las campanadas del Reloj del Cerro (Ay, mi Cerro del Reloj), el Zapatata y Mektub- son capaces de estremecerme ese camino de cuna que me nace en el oído y muere en el corazón. Y supongo que lo mismo pasará a cualquier tobarreño de bien. Y si no, peor para él, porque no sabe lo que es la emoción de tierra.

Mektub, para los tobarreños de menos de 80 años, no supone ninguna cuestión. Es nuestro. Tanto que, salvo los músicos (hasta que estas Revistas de Semana Santa no han sido una realidad plausible y continuada en los años 70) nadie sabía el nombre de la pieza. No era importante. Y me arriesgo a decir que, hoy, no habrán más de cincuenta tobarreños capaces de decir esto: "Mektub. Marcha fúnebre para Banda de Música. Autor Mariano San Miguel".

Hoy, este escrito, supongo que agotará el tema Mektub, con lo cual Tobarra habrá cerrado uno de los temas más apasionantes de sus Semana Santa. Pero tampoco lo intento. Como siempre, pretendo abrir caminos. Esa debe ser mi misión tobarreña.

Escribir sobre Mektub es, en el fondo, triste. Triste, porque será desmitificarlo. Supondrá quebrar algo menos que un arcano pero algo más que un misterio. Mektub es mucho más que un bien público. Mektub enciende, cada año, un acto reflejo tobarreño, común y colectivo. Cuando, cualquier Viernes Santo, comienza a bendecir el Nazareno, se abren todos los oídos tobarreños para recoger los que nos parecen eternos compases de Mektub. Es más, en mi cerebro comienza a sonar antes que en los instrumentos de la Banda.

Nuestro Zapatata es mucho más que una canción de cuna. Pero Mektub no quiere ser nuestra canción de muerte. La Bendición, sin Mektub sería un jilguero clausurado. El Viernes Santo en Tobarra hecha mirada y concierto. Y Mektub es el nido en que se incuba y el atril que lo sostiene. Pero, ya digo, Mektub no es cuestionable. Aunque éste escrito espero que ponga luz y verdad sobre una circunstancia más (muy importante, como patrimonio tradicional) de nuestra riquísima y cada vez más exotérica Semana Santa, gracias a un esfuerzo risqueño.

Sistemática

En torno a Mektub cabían varias preguntas. ¿Qué es Mektub? ¿Cómo enfocarlo? ¿Es un tema histórico o un asunto musical? ¿Qué significa Mektub? ¿Por qué se toca durante la Bendición? ¿Desde cuándo se toca? ¿Quién es el autor? ¿Quién trajo Mektub a Tobarra?

Para responderlas, eran válidos varios caminos: Investigar documentos tobarreños. Buscar en hemerotecas. Acudir a bibliotecas. Preguntar a personas vivas y doctas, bien por su profesión o bien por las circunstancias. Para empezar, me encontré ante un hecho intemporal, que lo mismo pudo arrancar hace 50 que 200 años. Por tanto, con el título de la melodía y el nombre del autor (que, lógicamente constan en la partitura) me presenté al Encargado de la Cátedra de Historia de la Música del Conservatorio de Barcelona, profesor de Estética, José Soler. Me ayudó y me ofreció varias posibilidades. consultar la Biblioteca Central, dirigirme al Instituto Español de Musicología o visitar la Librería Musical Audenis. (Después de investigar tantos pormenores tobarreños, ya no me sorprendo de que, planteadas las cosas con devoción, todo son ayudas y facilidades. Los intelectuales dan un gran valor a las pequeñas culturas y a pueblos pequeños. Valga esta anécdota: mi padre me contó que, hace 50 años, los niños de su escuela escribieron a la familia Luca de Tena y ésta les regaló una suscripción a su revista Blanco y Negro, la -sin duda- mejor de la época).

El autor

Por fin, el Sr. Audenis me orientó y puso a mi disposición varios libros, elegidos por él mismo. Investigué: Sanmiguel, San Miguel. No aparece en el Diccionario de Música y Músicos de H. Anglés y J. Pena. Pero sí en el diccionario biográfico de la música de Ricard Matas (Editorial Iberia): Sanmiguel (sic.) Mariano. "Clarinetista y compositor español. Fundó en 1.918 la Sociedad de Instrumentos de Viento y figuró como solista de un instrumento en la Banda de Alabarderos, en la Orquesta Sinfónica y en la Sociedad de Conciertos de Madrid. Asimismo fue solista de la Capilla Real. Editó en Madrid la revista musical Armonía (sic.) y es autor de más de 200 obras para Banda Militar. Nació en Oñate (Guipúzcoa)". ¡Menos mal! Sanmiguel o San Miguel era relativamente contemporáneo. Una cosa estaba clara, para empezar. el origen de Mektub es próximo, aunque muchos tobarreños -yo, al menos- hayamos creído que se tocaba "desde siempre, toda la vida". ¡Las veces que he oído en Tobarra: "¡Yo no me acuerdo nene!". "¡Yo qué sé, nene!". Para nuestra desgracia.

Escribo al Alcalde de Oñate y a mi compañero de Mapfre allí, Josemari Altube. Me ponen en contacto con Iñaki Ibarrondo, Director de la Banda Municipal de Música (Ezkarrik azkó, lagunak; muchas gracias, compañeros). Mantenemos correspondencia y conversaciones telefónicas. Después de ardua investigación por su parte, Ibarrondo me envía una larga nota firmada en Rentería por José Luis Ansorena, de la Euskal Ereslarien Bilbuma. Extraigo los puntos más importantes: "Mariano San Miguel (sic.) Urcelay nació en Oñate el 8 de diciembre de 1.879. Siendo niño se trasladó a Madrid, enrolándose con muy corta edad en distintas bandas militares de música. Figuró como solista en... (ratifica lo dicho por Ricard Matas en el Diccionario antes aludido). Falleció en Vitoria el 7 de octubre de 1.935, a los 55 años de edad. Desde muchacho había empezado a componer música para bandas con facilidad y elegancia. En 1.910 fundó la Sociedad de Conciertos de Cámara para instrumentos de viento. En 1.916 fundó la revista Harmonía (sic.). Mariano San Miguel escribió centenares de obras para Banda. Muchas de ellas se han hecho popularísimas, aunque no haya llegado al público el nombre del autor. Fue, además, el primer clarinetista español y probablemente de Europa". Con San Miguel -deduzco- ha debido pasar lo que con muchos artistas: que se han visto superados por su propia obra; que una obra es conocida por todo el mundo, pero casi nadie sabe quién es el autor. Con Mektub y Tobarra ha pasado algo así: Mektub parece que haya sido compuesto por y para Tobarra. Mektub es patrimonio tobarreño. Pero no es justo. Por eso reivindico aquí la gloria que corresponde al oñatiarra Mariano San Miguel Urcelay como autor de Mektub. Que no empaña, sino que refuerza la bienandanza tobarreña.

Qué significa Mektub

Mektub podía ser un vocablo de una lengua extranjera o un acróstico, o... simplemente, un capricho de San Miguel. Pero yo tenía una pista: en Tobarra había oído decir que era una palabra árabe (¿Quién me lo había dicho?). Con este pobre bagaje me presenté en la Cátedra de árabe de la Facultad de Filología de la Universidad Central de Barcelona. Me recibió el Profesor Francisco Castelló que me orientó muchísimo mejor de lo que yo esperaba, pues -además de árabe- sabía música. Me preguntó: "¿Mektub o Maktub?". Porque Maktub (con un guión sobre la letra u que la convierte en larga) es el participio pasivo en su forma primera del verbo Kátaba que significa "escribir". En árabe los verbos no se enuncian en infinitivo -como ocurre en castellano: amar, temer, partir-, sino que se enuncian con la 3º persona masculina singular del pretérito perfecto. Da la raíz pura del verbo.

El profesor Castelló me recomendó que consultase al Catedrático, Dr. Vernet. Pero quiso dejarme claras ciertas circunstancias musicales -que no filológicas- en torno a Mektub y revisó el libro del Padre Patrocinio García Barriuso: "La música hispano-musulmana en Marruecos". La palabra Mektub no aparece (lo cual era posible) ni como melodía ni como modo musical ni como instrumento. Tampoco es un metro ni un ritmo. Porque Mektub -en el terreno de las hipótesis- podía ser la adaptación por San Miguel de una composición marroquí a nuestros modos musicales.

Por fin, el Catedrático Dr. Vernet, aclaró definitivamente, al menos para mí, la cuestión. "¿En qué época vivió San Miguel?". "1.879-1.935", le dije. "Pues con lo que me ha contado usted de ese músico, no me cabe duda. Maktub es, efectivamente el participio pasado del verbo "escribir". Pero, en árabe clásico. La forma dialectal es Mektub. Es marroquí, seguro. Y encaja perfectamente la palabra (que, literalmente, equivale a "estaba escrito", "cosa escrita") con el título de una marcha fúnebre. El Dr. Vernet conoce Mektub -además de vocablo- como expresión dialéctica marroquí. Ante una desgracia o catástrofe no es infrecuente oír como exclamación. ¡Mektub!, ¡Mektub!, diciendo: "¡estaba escrito!". Le sugiero si es en el mismo sentido que en España -sobre todo en Andalucía- se dice: "¡Dios lo ha querido!", "¡Estaba de Dios!". Y me dice que sí.

Escribir una biografía completa de San Miguel no es un objetivo tobarreño. Pero (por lo visto, en todos los pueblos cuecen habas) en Oñate tampoco saben mucho más de lo que aquí he transcrito. Por tanto, admito como buena la sugerencia unánime de Castelló y Vernet de que -empezando San Miguel la carrera como músico militar- no es raro que estuviese en Marruecos o hubiese conocido a algún militar marroquí que tuviese costumbre de exclamar ¡Mektub!

La biografía de San Miguel coincide con la época más gloriosa y difícil del Protectorado Marroquí. Es muy fácil imaginar que San Miguel no supiese árabe clásico, pero conociese la expresión ¡Mektub!, bien por haberla oído directamente en África o haberla escuchado a algún militar -español o marroquí- con los que convivió. El hecho es que Mektub, vulgarmente, es mucho más que una palabra. Es, como dice el Dr. Vernet, lo que los gramáticos franceses de última hora denominan "un hombre útil", un vocablo que va más allá de su propio contenido literal. A Tobarra no debe caberle duda de que a tal señor, tal honor: durante la Bendición, la adecuación entre Calvario - Melodía - Título - Significado, es total. ¡Benditos San Miguel y Sagi Barba que ya tiene un lugar de honor en nuestra Historia!

Mektub y la Bendición

Situado, relativamente, en el tiempo, el origen de Mektub, faltaba construir su origen tobarreño. Consultados viejos músicos, Jesús García Luzón "El Caja", José Hernández "Rosica", Rafael García Callado "El Rata", "Miguel Peña", etc., no se pusieron de acuerdo. Algo sí quedaba claro: no podía ser anterior a 1.925, puesto que ellos recordaban que antes se tocaban otras piezas.

Después de dialogar sobre este punto con muchos tobarreños, llegamos a la verdad. Es ésta: Don Vicente Fernández García ("Rafael el de las maderas"), hijo primogénito de Don Juan Antonio Fernández Paterna -cuya mano originaba la Bendición desde 1.913 hasta 1.934, año de su muerte- me manifestó que en 1.925 o 1.926, (el año exacto ha sido imposible de concretar) el entonces Director de la Banda de Música de Tobarra, Maestro José Sagi Barba, recibió la partitura de Mektub de manos de su propio autor, Mariano San Miguel (No hay que olvidar que Sagi Barba era un hombre de sólido prestigio en el campo musical, entre otras razones, porque su hermano Emilio era un barítono con gran peso específico en el mundo de la lírica musical). El Maestro Sagi Barba sintió una gran satisfacción al leer la partitura de Mektub y lo comentó con el citado Don Vicente Fernández García, por entonces Concejal del Exmo. Ayuntamiento y Delegado de la Banda Municipal de Música en plena dictadura del General Primo de Rivera. Me ha resultado imposible de reconstruir el motivo de la llegada de Mektub a Tobarra. Pero no debió de ser un hecho de especial relevancia. Quiero decir que -estoy seguro- nadie de Tobarra pidió a San Miguel una obra especial para el acto de la Bendición. Ansorena, en la nota consultada antes, dice que San Miguel editaba sus composiciones a su propio cargo y, a través de la revista Harmonía (sic.), llegó a editar cerca del millar de partituras para Banda. De esta forma se aliviaba la agotadora tarea de los directores de las mismas que tenían que instrumentarlo todo. Esta fue -sigue diciendo Ansorena- la mayor obra de promoción musical que podía hacerse en una época en que las bandas eran el educador musical principal de los pueblos.

Hasta 1.925 o 1.926 -sigue diciéndome Don Vicente Fernández García- en el acto de la Bendición se habían tocado diversas pezas elegidas por el propio Director de la Banda Municipal. Esto aclara que las gentes tobarreñas a las que yo he preguntado sobre qué melodías se interpretaban en el Calvario la mañana de Viernes Santo, no hayan podido ponerse de acuerdo. Es lógico, puesto que, asegura Don Vicente Fernández, hasta entonces, no tuvo importancia alguna el que en la Bendición se tocase una composición u otra. El recuerda las cuatro o cinco que se oyeron en los años inmediatamente anteriores: El descendimiento de la Cruz, España llora, Lamentación, Ecce Homo, Lágrima, etc., etc. En el número extraordinario de Juventud (periódico quincenal publicado en Tobarra) del 16 de abril de 1.924, dedicado a la Semana Santa de Tobarra, el sacerdote Don Agustín Munera en un artículo titulado "La Encarnación y el Calvario", al hablar de la Bendición dice: "...a la vez que lanza al viento unos acordes patéticos la Banda Municipal". Pero no da título de la obra. Está claro que, entonces, no era importante la obra que se interpretase aunque, lógicamente, siempre se tratase de marchas fúnebres o melodías solemnes.

Por fin, en 1.925 o 1.926, se toca Mektub. Y gusta. Tanto que, para el Viernes Santo siguiente, el Maestro Sagi, comentó con Vicente Fernández que tocarían la pieza del año anterior, Mektub, de San Miguel. Desde entonces cada año, Mektub rompe el silencio del Calvario cada Viernes Santo. Con ello se ha identificado la Bendición con una pieza musical concreta y que, después de casi sesenta años, ya forma parte inseparable del rico patrimonio tradicional semanasantero tobarreño. La Semana Santa de Tobarra es un grito desgarrado, que sólo apaga la Bendición. Y hay que quitarle angustia.

No. No es difícil aceptar que una Bendición sin música sería menos solemne. El silencio -Nuestro Silencio, por antonomasia- del Calvario requiere, demanda, exige un amparo musical. Pero otra cosa, objeto de una investigación especial, sería dar luz sobre la costumbre de interpretar una pieza musical, mientras Nuestro Padre Jesús da la Bendición. ¿Es anterior a 1.880, fecha que se da como el de la fundación de la Banda Municipal de Música? ¿Es posterior a 1.880? Esta, como tantas otras cuestiones remotas, será imposible de esclarecer. Pero para concretar y conocer, al menos, nuestra Historia semanasantera más próxima, dejemos escritas estas líneas sobre Mektub como parte de la historia de Tobarra.

Mektub, técnicamente

Dados mis nulos conocimientos musicales (en un pentagrama, no distingo el do del re), escribí a los Directores de las, en mi opinión, cinco bandas de música más importantes en España: las dos de Liria, las dos de Buñol y la de Cullera, todas en la provincia de Valencia. Pedí a ellas que, en el hipotético caso de que tuviesen Mektub en su repertorio, me hiciesen un estudio técnico de la pieza. Sólo me ha contestado el Presidente de la Banda Primitiva de Liria diciéndome que ellos no lo llevan en su repertorio. Tengo que rendirme a la evidencia del silencio y dejar en el aire este tema. Mejor: espero que sea una mano tobarreña quien publique en estas páginas un estudio técnico sobre Mektub.

Anecdotario

Tobarra no ha inventado Mektub... pero casi. Hoy, es tan nuestro, tan semanasantero, está tan ligado a nuestro Viernes Santo y a la Bendición, que supone heterodoxia oírlo en otra circunstancia. Mi hermanico Pedrín es un especialista cuidadoso en advertir a todas las Bandas de Música que tocan por primera vez en la Semana Santa de Tobarra que no interpreten Mektub durante las procesiones... si es que lo llevan en su repertorio . Y esto es consecuencia de que, hace años, un Jueves Santo en la noche, una de las tantas bandas forasteras de las que -desde hace pocos años- acompañan a las Hermandades, comenzó a interpretar Mektub en plena Procesión. Mi hermano que -por un lado- salió disparado desde su puesto al lado de la Virgen y otros risqueños que me lo han contado, desde el suyo, impidieron que sonara Mektub. Y es que Mektub es el mismo eco del brazo derecho del Nazareno y no puede ser otra cosa.

Pero Tobarra ha exportado Mektub. Sí. Una tobarreña, maestra nacional en Elche de la Sierra, me dijo que en las fiestas del Corpus de nuestros vecinos serranos, se interpretaba Mektub. Me puse en contacto con el Alcalde de Elche de la Sierra, el cual me contestó que, efectivamente, así era y que el Director de la Agrupación Musical Local, Santa Cecilia, Don José García González, quería conocerme. El Viernes Santo de 1.983, la Banda de Elche tocó en Tobarra y yo me presenté a su Director. Me dijo que en Elche de la Sierra "estrenaron" Mektub el día del Corpus de 1.982 "por haberlo oído en Tobarra y haberles gustado mucho". Lo interpretan mientras el sacerdote da la Bendición con la Custodia.

Así, pues, Mektub es de Mariano San Miguel... pero también de Tobarra. Mektub es la única pieza musical que conocen todos los tobarreños. Tanto, que Tobarra es una extraña serpiente encantada que se pone de rodillas sólo cuando suena Mektub, en la mañana del Viernes Santo.